Para Israel, confidente de unos minutos, siempre en mi mente.

El amor es el deseo irresistible de sentirse irresistiblemente deseado: una necesidad que fuerza a los humanos a competir entre ellos, a prender todo su cuerpo en destellos que irradian desde los ojos, la piel y el cabello, a volar noche y día. Enamorarse nos embellece. Como dice la cantante islandesa Björk, nos vuelve Venus: la diosa griega del amor.
También nos enloquece. Como si fuéramos científicos orates, primero nos extrañamos de que nuestros ojos, nuestro corazoncito y nuestra entrepierna se hayan puesto de acuerdo en señalar al individuo.

Acostumbrados a ver gente de todo tipo, sabemos que de noche todos los gatos son pardos y que quizá bajo el efecto de los embellecedores influjos del alcohol, cualquier chico podría parecer guapo, pero no: esta vez es diferente.
También sabemos que a veces una reflexión idónea, el recuerdo de nuestro primer amor, de nuestros padres o del ídolo del cine, puede hacer que nuestro corazón se vuelque en latidos ensordecedores que nos gritan: “es él, es él”. Pero de nuevo, esta vez el ritmo es distinto, el corazón está tocando una melodía que nunca antes habíamos oído, pero que sabemos que es nuestra, la que nos embelesa y dicta nuestra dirección.

Por último, tenemos la certeza de que diario despertamos con una erección y que pensamos en sexo cada diez segundos, que si estuviéramos diseñados como fantasía sexual, lo más seguro es que fuéramos unas indómitas máquinas de orgasmo. Pero esta vez es distinto: nuestra libido parece haber encontrado el camino de su cuerpo, su piel, su aroma y nada más.
Todo parece unirse, todo señala una dirección, todo es nuevo y a la vez compuesto de todo lo que consideramos bueno, hermoso, excitante. El doctor John Money, padre del concepto de “género sexual” y genial sexólogo norteamericano, tiene la teoría de que en el seno materno diseñamos lo que será un mapa amoroso, con todo aquello que deseamos, buscamos, necesitamos y nos gusta de una persona, Este mapa lo terminamos de “dibujar” a los 2 años y desde entonces no hay modo de modificarlo. Que haya veces en que equivoquemos el camino es de lo más seguro, pero que hay algo en nuestro cerebro que nos indica que “de aquí somos” es ya materia científica.

Hay diferencias entre enamorarse y amar. Y no es sólo una cuestión semántica o una deriva de la canción “Amar y querer” de José José –que tanto daño nos ha hecho con sus definiciones basadas en el dolor. No es cierto que el que te ama te hará sufrir. Pero, bueno, regresando a las diferencias… ¿De qué nos alejamos con el amor? De la realidad, del gris, del tedio. ¿De qué nos aleja el enamorarnos? De la inteligencia, del control, de la impureza. Sentimiento inmaduro: enamorarse es fácil, común y vulgar. De ese modo buscamos poseer al otro, acabar con sus defensas, hacerlo nuestro, destruirlo para los demás. Es subirse a la montaña rusa. Algo imposible de compartir.

Amar implica entrega, cesión y fe. Es buscar la trascendencia de una relación que se desgasta con la cotidianeidad. Es apasionarse de la realidad, ver más allá de los esquemas de pareja, estéticos y de humanidad que nos imponen socialmente. Cuestionarnos, enfrentar el terror de la libertad del otro y responsabilizarse de la libertad propia. Amar es reinventarse –no por moda ni aburrición, sino para sentir más, sentir distinto, volver a sentir, buscar lo que sentimos y el por qué.
Vario consejo: la comunicación es básica. Busca hablar el mismo idioma. No se tiendan trampas con el lenguaje, las definiciones dobles. Es difícil desprendernos de los actos de poder y manipulación en nuestras acciones. Desde niños hemos aprendido que toda acción afectuosa conlleva poder sobre el otro (basta que el bebé llore para que la mamá se vuelva loca buscando un distractor que le devuelva la felicidad a su hijo), pero también nos han hecho volverlo dañino y peligroso (un ejemplo en nuestra comunidad: “si me quieres, demuéstrame tu confianza y hazlo conmigo sin condón”). Hay que distinguir y enfrentar las valencias positivas y negativas del poder. No volverlo cadena. Ese es el principio del cambio.
También es falso que alguien te enamore: uno es el que prende la mecha, uno es el que se enamora y vive el amor. Hay que ser valientes para aceptar la verdad y responsabilizarnos. “Es que él me hace sentir” No. “Yo siento…” El lenguaje del amor es solitario, como diría Barthes, pero es necesario aceptar que uno es quien decide amar.

El amor es energía y como tal, no se crea ni desaparece: sólo se transforma. Quizá tu erotismo no se vuelva exclusivo y requiera de más de una persona para satisfacerte. Quizá tu corazón abarque un número infinito de seres. Pero el amor sólo procede, permanece y vive si existe la lealtad. Como dice la canción: Stand by me/ Cuenta conmigo.

¿Y luego, qué me dices de la necesidad enloquecida de contarlo y hacérselo saber al mundo? Si eres de clóset, qué dolor, qué sufrir el silencio! Pero si no, ¿cómo detener el borbotón de palabras que no alcanzan y son pocas para definir lo que sentimos? No hay suficientes, nunca lo habrá, éste artículo es sólo un intento de esbozo. Habrá de valirse de ejemplos, siempre: que nos cuenten, que nos permitan entendernos. He aquí algunas grandes historias de amor homosexual, quizá las que me definen, las que me embelesan o me aterran, porque como diría Almodóvar en su película Átame!: “Las historias de amor y de horror a veces se confunden”.

SHAKESPEARE Y WH. Llena de especulaciones, la vida bisexual de Shakespeare se descubre en los Sonetos, libro que le escribe a un enigmático hombre. Adelantado a la estética trans que viene, la mitad de los poemas están dedicados a este hombre y la otra mitad a una mujer, aunque parece ser el mismo personaje. Su frase: “Si no recuerdas la más ligera locura en que el amor te hizo caer, entonces no has amado”.

OSCAR WILDE Y BOSIE. Dramaturgo inglés ultra-fashion, pre-metrosexual, casado y fascinado por el jovencísimo Alfred Douglas –un explotador emocional y económico, a quien Wilde le decía Bosie (Jefecito)- se tiró a la ruina con tal de que Alfred hiciera sufrir a su padre: lo que se vino fue un gran juicio en el que Wilde acabó encarcelado por sodomía y sin el amor de Alfred. Divorciado, quebrado, jodido emocionalmente sólo salió de la cárcel para volver a ver a Alfred y morir con él. Su frase: “Uno debería estar siempre enamorado. Por eso jamás deberíamos casarnos”.

SECRETO EN LA MONTAÑA. El amor es una fuerza de la naturaleza. Seguro viste la película en que un par de vaqueros, Jack Twist y Ennis del Mar, se encuentran para cuidar ovejas en la Gringolandia brava. Dos hombres incapaces por la época, la educación y la sociedad para aceptar su amor. Jack se casa, Ennis también pero se divorcia. Se reencuentran y se vuelven amantes con esporádicos momentos de felicidad juntos. Al mejor estilo de Romeo y Julieta, su amor habrá de trascender la muerte. La frase de la peli es: “Te diré una cosa, pudimos tener una vida juntos, una vida que te cagas, en nuestro propio rancho, pero tú no quisiste Ennis ¿y qué tenemos ahora? ¡Esta montaña! Todo se basa en eso, es lo único que tenemos, nada más y espero que sepas eso aunque nunca sepas el resto. Cuenta las pocas veces que hemos estado juntos en casi 20 años, ¡mide la puta correa con la que me atas y luego pregúntame por México y dime que me vas a matar por algo que no me das casi nunca!”

EN JIRONES. Novela gay clásica en la que a forma de diario se nos relata el enamoramiento, amor, desamor, muerte del amor y soledad final de un personaje homosexual mexicano en los 80´s. Para abrirse las venas con galletas saladas. Histórica pero aún actual. Frase de Luis Zapata: “Los aviones me dan miedo”.

DOÑA HERLINDA Y SU HIJO. En esta gran película mexicana actuada por la mamá de Guillermo del Toro (sí, el mismo de El Laberinto del Fauno), Monchito es el hijo homosexual con mamitis en la Guadalajara machista, tierra donde se dan a los hombres… pero los unos a los otros. La mamá se hace tonta y no sólo le consecuenta al amante gay, sino que le busca esposa y les pone casa… a los tres! Muchas canciones de Juan Gabriel para aguantar el dolor romántico y el clóset en esta historia sobre el amor que no se atreve a decir su nombre, protegido por la hipocresía mexicana pre-bodas gay! La frase de la peli es un poema de Manuel Acuña:
"¡Qué hermoso hubiera sido vivir bajo aquel techo,
los dos unidos siempre y amándonos los dos;
Tú siempre enamorada, yo siempre satisfecho,
los dos una sola alma, los dos un solo pecho,
y en medio de nosotros, mi madre como un dios!"
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ALLEN GINSBERG, NEAL CASSADY Y JACK KEROUAC. Porque el amor no sólo viene en bolsita de dos. En el San Francisco jipiteca de los sesenta, un poeta homosexual fan de la filosofía oriental y la orgía, un escritor hetero enamorado de su mejor amigo que cambiaría las letras de su país y un hombre-musa, también escritor, pero que les inspiraba sus mejores novelas. Romances ambiguos adelantadísimos a su tiempo que redefinían la concepción de pareja (y aquí en México, nosotros bien felices con las ya prehistóricas bodas monógamas, pero bueno, algún día seremos trascendentes). Su frase (de Ginsberg): "El peso del mundo es el amor. Bajo el peso de la soledad, bajo el peso de la insatisfacción."

En la actualidad y como ejemplo, hay muchas parejas famosas: Elton John y David Furnish, Ellen Degeneres y Portia de Rossi, Juan Carlos Bautista y Victor Jaramillo. Y también divorciados famosos: ahí está el jovencísimo Christian Chávez, ex RBD, una muestra de que si uno la riega, pues no más se levanta, se limpia el caidazo y se sigue caminando… Hay muchos peces en la pecera!

Para terminar, una verdad como piedra: en la vida hay muchos amores. Vívelos. Se matan amores al dejarlos pasar por condenarse a una situación. Se deja pasar el amor que no corresponde a lo que soñamos. El sentimiento de amor no es exclusivo. Hay amor erótico, que es posesivo. Hay amor ágape, que es libre. Hay amor philia, puro y asexual. Con el acceso al matrimonio en las comunidades homosexuales, no imitemos los esquemas que no funcionan, que son caducos y que los heterosexuales están remodelando –ironías de la vida- observando nuestros modelos de relación no convencionales. Cuestionemos lo que somos, lo que deseamos, lo que nos imponen. Démosle a todo su debido valor-: enamorémonos y amemos.

¿Quieres más? Libros: Cartas de amor ambiguo de Allen Ginsberg; De profundis de Oscar Wilde; El amor en los tiempos oscuros de Colm Toibin; En jirones de Luis Zapata; Secreto en la montaña de Annie Proulx; Sonetos de William Shakespeare. Películas: Átame de Almodóvar; Exxxorcismos, Doña Herlinda y su hijo de Hermosillo; El amor a muerte de Resnais. Discos: Björk, Human Behavior; José José: Grandes éxitos.
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